viernes, 2 de julio de 2010

AL OTRO LADO DE LA PISCINA

ESCENA EXTERIOR. NOCHE
(llueve, resbala por los neones, humedeciendo la sed artificial de la ciudad, esos avisos implacables de que estamos solos, las huellas precisas de los barrenderos, ese rastro inabarcable y triste, de vigilia perenne y acusada melancolía de asfalto; un taxista llora mientras cierra el maletero)

En ella, en la visión que me transporta con desánimo
y ruptura hacia el final de la noche. Allí escogí
con la frustración de un sicario televisivo, cómo morir y cómo nacer.
Ahuyento esos trazos de lágrimas sintiéndome dueño
del rebaño
de hojas secas que dormitan en el páramo,
fino hilado de vergüenza colectiva que envuelve a la ciudad.
Pongo en marcha el motor. Tiembla la atmósfera
agarrotando huesos calados de gritos silenciados. Mece su miedo,
mientras traga a horcajadas el humo de su cigarro.
Arranca.

Entretanto, el barrendero, sube al coche.

(Continuará....)

2 comentarios:

adelink dijo...

Lulú!

José María Banús dijo...

"Y LA VIDA, ENTONCES, DEJARÁ DE PARTICIPAR EN NUESTRAS FICCIONES."

Saludos.