domingo, 24 de abril de 2011

LA NOCHE DEL CAZADOR



He odiado las manos de Mitchum, su doblez y reflejo perenne
al vibrar en ese fondo onírico, sin voz ni eco, solo el pulso.

Esculpir el fondo de papel y generar ese rumor que suda
tras la tela de araña. Silba, y lo siento al palpar la tierra.

Nadie rema, porque nadie habita. No vibra el aire
que no existe en ese sueño envuelto en sombras chinescas.

Recorta un terror que se disipa, no le invade la quietud
en la vigilia, porque vive dentro. La silueta que se sumerge en el río.

Sus manos, hablan de estos tiempos. Letras grabadas y la bruma,
allí donde creemos que nada crece. Él nunca duerme.



2 comentarios:

Elena Lechuga dijo...

El diablo; el diablo nunca duerme

Lucita dijo...

Permanece vivo en nuestro sueño y a la espera, en nuestra vigilia.

Besos