martes, 1 de noviembre de 2011

                                                                             Groebli


Un soplo, y el sobrio sabor a vejez, desaparece.
La columna vertebral en cada tramo, desaparece.

El pulso que yace generando piedad, movimiento
que silba tras la huella herida por el viento.

Senda, trámite certero y sus anchos márgenes
deformados en sus ansias de ser continentes.

Desaparece, tanto temblor opaco que va meciendo
la gestación de los límites de este paisaje de arena.












2 comentarios:

el maquinista ciego dijo...

... me deja la impresión este poema de que él mismo encierra el viento...por un lado la sensación extraña de tornado de tiempo contenido, y por otro la espera de la tormenta de arena que vendrá tras la gestación de esos límites...esa que inquieta....ahora mismo aquí sopla muuy fuerte el viento, no pienso con claridad...aunque supongo que no hace falta orden ni lógica en los márgenes deformados de las ansias.....y eso que el poema también me transmite paz....qué cosas.....
...un silbido de vapor liviano...sin peso suficiente –ni mucho menos necesario- como para ser herida o huella...;))

Javier Vilaplana dijo...

Cada día me hago más adicto a los planos que dibujas y que, plagados de paisajes, como éste, de arena conducen a lugares que resultan tan apocalípticos (o Dylanianos) como apacibles; lugares "a mitad de camino entre ninguna parte y el olvido".